Falta el sello de la bomba — hay que volver a Torre 3
Bai escucha lo que tu equipo ya dice, lo guarda tal cual y lo devuelve a quien lo necesita — y avisa cuando algo importa hoy.
La memoria, el orden y la voz de tu empresa.
Un técnico desde la obra, la coordinadora preguntando, o solo tú documentando lo que sabes: cada conversación alimenta la misma memoria operativa. Ningún formulario. Ninguna app.
entra: Bai guarda y responde sale: Bai avisa y propone
dos caras · dos tempos · una memoria
Nadie llenó un formulario. Cada cosa que se dijo quedó como una nota, etiquetada por su alcance — cliente, técnico, estado. Tú lo ves todo así, sin pedirle el informe a nadie.
Las vistas se piden hablando: «muéstrame lo abierto de Torre 3».
Falta el sello de la bomba — hay que volver a Torre 3
Cotización de Vista Mar sin enviar
El carnet de Julián vence el viernes
Dos clientes preguntaron por lavado de tanques — no lo ofrecemos
Bai las pone por alcance, no en carpetas. Tú no las mantienes.
El tablero es opcional: se mira, no se llena. Lo que lo mantiene vivo es la conversación de arriba.
Así fue el martes en una empresa de mantenimiento que lo usa a fondo: seis técnicos en calle, tres chats privados con Bai — nadie abrió una app, nadie escribió en un grupo.
El grupo de hoy: 87 mensajes para todos. Tu chat con Bai: los seis que eran tuyos.
Así se ve cuando todo el equipo le habla. Puedes empezar con menos: tú solo, documentando lo que sabes. La memoria crece igual.
La memoria de tu empresa se entrena sin taxímetro: tu equipo habla con Bai todo lo que quiera. Afuera pagas por trabajo hecho — respuestas de Bai a tus clientes.
$99 USD / mes
$249 USD / mes
¿Qué cuenta como una respuesta? Cada mensaje que Bai le envía a un cliente por Front. Lo que tu equipo habla con Bai no cuenta nunca.
Si llegas al tope, Bai le avisa al dueño desde el 80% — y nunca deja a un cliente sin respuesta: cada 1.000 respuestas adicionales se suman al recibo del mes por $100 USD.
¿Más gente en el equipo? Cada usuario adicional cuesta $12 USD al mes, en cualquiera de los dos planes.
Sin costo de arranque. 9 días de prueba desde que tu Bai trabaja, sin tarjeta.
Lo que le digas queda a salvo, tal cual lo dijiste — el audio, la foto, el dato suelto. Entienda lo que entienda, pase lo que pase: entró, quedó. Es la memoria operativa de tu empresa.
Quién lo dijo, de qué trata, a quién le toca, con qué se conecta. La interpretación que un archivo jamás trae sola.
Etiquetas, estados y conexiones se ponen solos, sin carpetas ni formularios. Y ese es el punto de todo: lo que se entiende, se encuentra. Vuelve al que pregunta, cuando pregunta, desde donde lo recuerde.
Avisa, asigna y persigue cuando algo que guardó importa hoy — con toda la memoria detrás. Y cuando no hay nada que valga, silencio.
No como un grupo, donde todos ven todo y poco queda — cada quien desde su chat, con lo suyo, al día. Tú te enteras sin perseguir a nadie: el informe llega solo. Y la operación deja de depender de lo que cargas en la cabeza.
Conectados por la memoria — no por tu teléfono.
El sistema operativo real de tu empresa ya es un chat: ahí se decide, se pide y se resuelve. Lo que nunca tuvo es núcleo, un lugar donde lo que se dijo se quede. BaiOS le pone ese núcleo — y no lo encierra: es el contexto que da, por MCP y en solo lectura, a tus herramientas y a otros agentes.
Tu equipo le habla desde el WhatsApp que ya usa; tus clientes le escriben desde fuera. Todo lo que se dice queda en el núcleo.
Un salón es el espacio de un proyecto, con su tema y su plazo; una misión persigue un pendiente hasta cerrarlo. Trabajan sobre el mismo núcleo.
Leen el núcleo desde fuera de Bai, en solo lectura: buscar una nota, leer un tablero. El contexto que les faltaba, sin exportar nada.
Tu software de siempre no desaparece: Bai lo alimenta. Los modelos se alquilan y cambian cada mes; los agentes se suman; el núcleo se queda — y como guarda lo literal, cada modelo nuevo lo lee mejor.
Lo que dijo el del turno de la noche, y nadie escribió.
El cliente que preguntó a las 11pm, y compró en otro lado.
Lo que solo sabía la persona que renunció.
El problema es más viejo que la IA. Lo nuevo es que por fin se puede cerrar.
Leer el argumento completoEstas son nuestras respuestas.
Lo que tu empresa le conversa: la operación de todos los días — cada reporte, cada pregunta, cada respuesta — con autor, fecha y etiqueta. No lo que dice internet.
Nada se sube: se conversa. Sin migraciones, sin apps nuevas, sin archivos que mantener. Tu facturación y tus planillas siguen siendo tuyas — Bai captura lo que hoy se pierde entre ellas.
Sí. Cuando no sabe, no inventa: le pregunta a quien sabe — y la respuesta queda. El próximo que pregunte lo mismo ya no interrumpe a nadie.
En notas legibles — con autor, fecha y etiqueta — que puedes mirar cuando quieras: el tablero se lee, nunca se llena. Es de tu empresa, y se borra el día que tú lo decidas.
Con cada conversación, Bai sabe más de tu empresa.
La información es de la empresa; las habilidades, de tu equipo. Bai hace que la primera no se pierda — sin reemplazar a nadie.